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EDITORIAL - 21/12/12

Parte I | Balance deportivo anual: De las dificultades al desastre

El 2012 fue un año colmado de transformaciones para el Taladro, en el cual primó la destrucción total de un plantel y un acelerado intento de reconstrucción para procurar sacar adelante al club luego de su abrupto descenso a la B Nacional. El año que se va fue un período repleto de sueños rotos, de ilusiones truncas en cada uno de los hinchas de Banfield, y a la vez, una época llena de esperanzas asociadas a la idea de recuperar todo lo perdido. En este ciclo que se cierra la peor pesadilla de cualquier hincha se hizo realidad, y de la mano de la misma llegó la caída de la recientemente asumida Comisión Directiva y el alejamiento de varios jugadores de larga trayectoria dentro del club.

El campeonato Apertura 2011 cerró con un Banfield que si bien se encontraba considerablemente alejado de la zona del descenso, comenzaba a exponer un rendimiento tan bajo que generaba dudas sobre su capacidad para continuar jugando en la primera categoría. De este modo, el equipo de zona sur arrancó el 2012 con tan sólo 11 puntos en su haber y con la llegada de un par de refuerzos que aportarían poco y nada al plantel para ayudarlo a salir de su preocupante situación. Dichas incorporaciones fueron las de Agustín Alayes y Roberto Brum.

Dentro de este marco de muy bajo desempeño, los cambios vinculados a la conducción del equipo estuvieron a la orden del día. En tan sólo medio año, el puesto de DT estuvo ocupado por tres personas diferentes. El arranque del 2012 se encontró a Jorge Da Silva a cargo del plantel, quién estuvo al mando del equipo solamente durante tres fechas, ya que luego rescindió su contrato para irse a dirigir a Uruguay. Tras la inesperada partida del Polilla, el banco fue ocupado de manera interina por Raúl Wensel. Si bien la partida del DT del país vecino no fue en absoluto esperada por los hinchas del conjunto, menos aún lo fue la llegada del uruguayo Eduardo Acevedo. Hasta ese entonces, la figura del flamante entrenador era totalmente desconocida dentro del medio local, lo cual generó mucha incertidumbre con respecto a si el mismo era la persona adecuada para hacerse cargo del plantel en esta grave situación.

Poco a poco Banfield comenzó a exponer de forma cada vez más clara sus falencias futbolísticas, hundiéndose cada vez más en la tabla de posiciones. Tanto el equipo como el DT carecían de ideas concretas con respecto a qué esquema de juego plantear y de cómo llevarlo a la práctica, lo cual se pudo notar en los resultados negativos que el conjunto continuó acumulando en cada nuevo encuentro. La seguidilla de malos resultados vino de la mano de un plantel que día a día fue exponiendo más y más desgano dentro del campo de juego. El grado de importancia que tuvo el sinfín de salidas nocturnas y la falta de compromiso expuesto por gran parte de los integrantes del equipo no fue algo menor. Además, las alternativas propuestas por el DT uruguayo parecían no tener un trasfondo muy claro, lo cual generó cada vez más incertidumbre con respecto al futuro del equipo. El estilo de Acevedo parecía no ser el adecuado para la compleja situación que estaba atravesando Banfield, sin embargo ninguna medida fue tomada a cabo. El equipo se hundía, y de la mano del mismo, todo un modelo político que desde hacía 13 años estaba al mando del club.

El ensayo de distintas variantes estuvieron a la orden del día en el equipo del uruguayo, y el inesperado debut de muchos jugadores de las inferiores acompañaron las alternativas practicadas. Varios fueron los juveniles que aceptaron el gran compromiso de calzarse la camiseta del Taladro en una situación tan compleja como la que estaba atravesando el club y de este modo, pudieron hacer su debut en primera. En algunos casos, la suerte que corrieron fue más que favorable pero en otros, el rendimiento no bastó y lo mismo no les sirvió para continuar construyendo su futuro deportivo de la manera en que los mismos lo hubiesen esperado. Este tipo de decisiones fueron ampliamente cuestionadas al DT por parte de los simpatizantes del Taladro, ya que exponer a los juveniles a situaciones tan inhóspitas no siempre resultan favorables para su futuro como profesionales en aquellos casos en los cuales no estén preparados para hacerlo.

Cada fin de semana transcurrido se convirtió en un nuevo sufrimiento para toda la gente. Todo nuevo encuentro era parte de una larga y agónica crónica de un descenso anunciado. El broche para este inmenso dolor fue la derrota sufrida ante Lanús en la 14º fecha del campeonato, la cual empezaba a preanunciar lo que pocas semanas después iba a ocurrir. Al igual que en todas las oportunidades anteriores, el equipo se mostró totalmente falto de ideas, sin posibilidad de crear situaciones de riesgo en el arco rival y contando como única vía de salida la presencia de Nicolás Tagliafico. Pese al esfuerzo demostrado por este tan valioso jugador con el cual el plantel tuvo la suerte de contar a lo largo de su último campeonato en primera, los resultados no pudieron hacer eco del compromiso y la dedicación expuesta por este jugador.

Todas estas falencias deportivas, toda esta falta de ideas tenía una fecha estipulada para llegar a su fin: el 24 de junio del 2012. Tras 11 años en la máxima categoría de futbol argentino, el Taladro descendió a la Primera B Nacional. Al igual que el día en que por primera vez en su historia Banfield salió campeón del Torneo Apertura, éste descenso tampoco logrará borrarse con mucha facilidad de la memoria de sus simpatizantes. La amargura, tristeza, frustración e impotencia sentida por los hinchas del conjunto frente a un plantel que en todo un año no logró brindarles ni una sola respuesta terminó por estallar en distintas expresiones que oscilaron entre el llanto, los rostros de desconsuelo, los actos de violencia y los insultos hacia los jugadores.


Por lsassipardo@notibanfield.com.ar


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