El ánimo no era el mejor y se sospechó lo peor. Las paredes también hablan y el rumor que Jorge Da Silva insinuaba abandonar su cargo no era muy en vano. Las caras alicaídas en el vestuario, una goleada a cuestas, un grupo que sufre cachetazo tras cachetazo y no puede dar golpe por golpe dentro de la cancha, ¿podrían hacer dar un paso al costado al entrenador? Cerca.
El Polilla lo pensó y recapacitó a tiempo. Bajarse del barco a la deriva en la segunda fecha no iba a ser de hombres que tienen la intención dar vueltas las páginas rápidamente y se quedó. La situación es delicada y dolorosa para todos, nadie queda exento y no hay quien sospeche de eso como sí de que su continuidad se pusiera en duda luego de suspender la conferencia de prensa. Da Silva fue contratado por un objetivo y se mantiene, charla dirigencial mediante, buscando cumplirlo. Todavía hay resto, poco, y lo tiene que saber aprovechar a tiempo.