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EDITORIAL - 01/10/12

Un árbitro ahogado por la tecnología, violencia y decisiones

En el tintero del partido ante Huracán todavía queda bronca y muchas preguntas en torno al arbitraje. No se trata de hallar en la figura de Silvio Trucco excusas que justifiquen un mal partido de Banfield con una derrota a cuestas, pero sus decisiones influyeron y mucho en el desarrollo que hasta los 18 minutos del segundo tiempo podría denominarse “normal”.

El penal cobrado a Villán todavía busca motivos coherentes. Y en algunas circunstancias no se trata de lo que es para el ojo común sino lo que ve el árbitro en la dinámica de juego, a veces asistido también por sus colaboradores que están pegados a la línea de cal pero de afuera. Encontró una mano dentro del área y lo cobró, ateniéndose a la protesta habitual de un equipo que se ve afectado y la mirada al costado del beneficiado. Pero con el final conocido, que se tradujo en tiro libre, se debió tomar los incidentes provocados por la parcialidad visitante no como un hecho anecdótico, sino darle trascendencia. No fue así. Quedó simplemente en un retroceso en el fallo.

¿Al hombre encargado de impartir justicia se lo agrede y al visualizar una sofocante situación lo corrigen externamente para no exasperar más el clima? Poca coherencia para explicar con hechos sus decisiones. El reglamento le jugó a su favor: al no ejecutarse el disparo desde los 12 pasos ni reanudarse el juego, hizo lo que hizo. ¿Pero cómo se justifica la no expulsión del jugador infractor, Villán, que ya estaba amonestado si decide cobrar tiro libre? La situación lo sobrepasó y también condicionó al tratar de compensar su decisión en los minutos posteriores pitando faltas divididas en favor del Taladro, que por un error propio se vio en desventaja en el marcador. Habitualmente se habla que “el partido se le fue de las manos”.

La tecnología esta vez jugó un papel preponderante y sobrepasó las normas establecidas. Una discusión de antaño. ¿Usarla o no usarla para fallar y hacer sonar el silbato? Una cuestión que se debate en un congreso FIFA y no en el sur del Gran Buenos Aires. Pero a fin de cuentas fue fundamental para que el árbitro, decidido a cobrar el penal ante el reclamo de los Quemeros, no muestre dudas. La situación deportiva e institucional de un grande de la categoría como lo es Huracán se alinea en la enorme cantidad de hipótesis de por qué pasó lo que pasó. Había que volver atrás, no podían sufrir un perjuicio como un penal que tenía más olor a tiro libre al borde del área. La violencia, que incluyó un objeto que lastimó su nariz, de manera indirecta terminó favoreciendo al club que a través de sus hinchas la generó: esos 10 minutos sirvieron para que Trucco revea su decisión a costas de sus asistentes con contacto directo hacia las cámaras que denotaban su error.

Se puede hablar de un Banfield perjudicado de manera relativa. El penal pudo haber servido para pasar al frente en el resultado como también haberse tratado de una situación inmejorable desperdiciada. Que el defensor del Globo siga en cancha pudo haber sido significado una ventaja para el rival que no implica fehacientemente una victoria segura para el Taladro. Excusarse en el fallo cambiario de Trucco sería inútil, los puntos ya no se recuperan. Aunque sí se puede recuperar algo más de respeto de los árbitros a la hora de dirigir a Banfield. Pero no se soluciona en el campo de juego sino sobre los escritorios.


Por @notibanfield - jmtevez@notibanfield.com.ar
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